NUNCA PUEDES SUPERAR AL YO SOY. Neville Goddard.

TRADUCIDO POR ©PENCHI QUIRCH PARA MÓNI CIAMPAGNA.

Un hombre nunca puede superar ni perder al Dios que conoce en una experiencia en primera persona y tiempo presente. Y cuando encuentra a este Dios, lo cuenta a sus hermanos, diciendo: «Si yo no hubiera venido y no te hubiera hablado, no tendrías pecado, pero ahora no tienes excusa para tus pecados». Dios se revela al hombre como su contemporáneo eterno, diciendo: «A menos que creas que yo soy él, morirás en tus pecados», pero al hombre le resulta casi imposible mantenerse en el tiempo. Piensa en Dios en tercera persona, se dirige a él en segunda persona, pero sólo puede conocer a Dios en una experiencia en primera persona y tiempo presente. Imagínate: nadie puede pecar hasta que Dios se revela al individuo en una experiencia en primera persona y tiempo presente. Sólo entonces el hombre no tiene excusas por su pecado. Y cuando uno encuentra a Dios y se lo dice a sus hermanos, no recibe una recepción mejor que el primero, porque lo ven como un hombre de carne y hueso, y no pueden ver en él a ese ser invisible que dice: «Bajé del cielo». El hombre busca que Cristo venga del exterior, pero su revelación es susurrada desde dentro.

«Te lo digo: Yo he sido crucificado con Cristo. No soy yo quien vive, sino Cristo que vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se dio a sí mismo para mí». En ese acto él, cuyo nombre es YO SOY, se convirtió en mí. Y si no creo que mi YoSoydad es él, moriré en mi pecado.

Cuando se le pidió que identificara a su padre, él dijo: «Si me conocieras, no me lo pedirías, ya que ningún hombre puede conocerme sin conocer a Dios, porque él y yo somos uno». Él no es un hombre físico que habla a otro, sino alguien que se habla a sí mismo. ¿Qué niño no es consciente de que es? Y ser consciente es decir «Yo soy», el nombre que Dios le reveló a Moisés en la cima de la montaña. Todas las cosas son posibles para Dios, pero el hombre tiene dificultad para mantenerse en el tiempo. Habla de Dios en tercera persona, ora a Dios en segunda persona, pero sólo puede conocer a Dios en primera persona, en tiempo presente, pues «Yo soy el Señor, tu Dios, y aparte de mí no hay otro Dios». En el Salmo 51, estas palabras son puestas en boca de David: «Contra ti y contra ti sólo he pecado». ¡Sólo yo, que debo conocerme a mí mismo en una experiencia en primera persona y tiempo presente, he pecado y sólo he pecado contra mí mismo!

¿Crees que Jesucristo está en ti como tú mismo? ¿Estás dispuesto a ponerte a prueba? Déjame que te cuente de una señora que lo hizo. Hace muchos años, mientras vivía en una casa de huéspedes en Brooklyn, con muy poco dinero, esta señora comenzaba cada día con estas palabras: «Soy una mujer muy rica. Tengo 50.000 dólares en efectivo». Todos los domingos por la mañana iba hasta la esquina a comprar el diario Sunday Times para su vecina, la señorita Mead, que era una viejecita que vivía frugalmente y rara vez salía de su casa. No más de un año después que esta señora comenzara su día proclamando su riqueza, la señorita Mead murió, dejándole 50.000 dólares en efectivo, además de joyas valuadas en más de 30.000 dólares. Recibió una herencia de más de 100.000 dólares por mantener a Dios en tiempo presente.

Esta amiga mía ya lo ha encontrado y yo quiero que todos los que me escuchen lo encuentren, porque cuando encuentres a este Dios, nunca superarás esa experiencia, y por lo tanto nunca lo perderás, ya que no puedes crecer fuera de ti mismo. Puedes creer en la astrología y superar esa creencia, luego puedes creer en las hojas de té. Después de superar eso, encontrarás otra cosa en la que creer a medida que creces y te superas, creces y te superas; pero no puedes superar al Dios que encuentras en primera persona y tiempo presente, pues cuando descubres que él es tu Yo Soy, has encontrado al único Dios. Un día todos lo encontrarán y se unirán a sus hermanos que, ya despiertos, están en la eternidad contemplando este mundo de muerte, observando el pequeño ajetreo de la vida.

Yo he sido enviado para decirte estas cosas, porque si no hubiera venido y te hubiera hablado, no tendrías pecado. No podías errar el blanco porque no tenías ninguno, pero ahora no tienes excusa para fallar. Te he revelado a Dios en primera persona diciendo: «El que me ve a mí, ve al que me envió». Fui enviado por mi Padre, a quien llamas Dios, sólo yo conozco a mi Padre y tú no conoces a tu Dios, pues yo sé que yo y mi Padre somos uno.

En el primer capítulo de Colosenses, Pablo nos dice: «El evangelio que has oído ha sido predicado a toda criatura bajo el cielo», y en el capítulo 3 de Gálatas declara: «La escritura, previendo que todo se salvaría mediante la fe, predicó el evangelio con antelación a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones». En el estado de fe llamado Abraham, escuchamos la historia y luego nos extraviamos. Nos dormimos, olvidamos nuestra verdadera identidad y adoramos ídolos. Hablando de Dios en tercera persona, y hablándole a él en segunda persona, hemos olvidado al Dios que nos dio a luz. Sin embargo les digo: Dios es eternamente contemporáneo pues él es nuestra conciencia de ser.

Bien, sin fe es imposible agradar a Dios, y la fe sí funciona en este nivel. Todo lo que posees fue creado a través de la fe, y la gloria de la fe reside en su poder de vincularnos con el reino celestial. Habiendo escuchado la historia de la salvación, ¿puedes tener fe en esta visión divina (que es el evangelio) en tiempos de angustia? Sin importar lo que te suceda, ¿puedes centrarte en la visión? ¿Puedes creer que, alojado dentro de ti como tu Yo Soy, es el único poder creativo en el mundo? Espero que sea así, ya que tu fe en Dios se mide por tu confianza en ti mismo.

Cuando imaginas un estado, ¿crees que la escena tiene el poder de externalizarse? ¿O sientes que debes orar a un ser exterior para que te ayude? Yo te digo: no hay ningún ser en el exterior. El poder creativo del mundo se encuentra dentro de ti ahora. Siéntate e imagina un estado de confianza que debe exteriorizarse a sí mismo. Cree que, como todas las cosas son posibles de imaginar, el estado que has imaginado debe convertirse en un hecho externo.

Yo lo he probado una y otra vez y siempre he comprobado su realización. Ahora comparto este conocimiento con todos los que lo escuchan. ¿Cuántos creen mis palabras y las ponen en práctica? No lo sé. Solo sé que al hombre le resulta difícil mantener el tiempo. Los líderes religiosos hablan de Dios en tercera persona como si estuviera fuera, pero yo te digo que él viene desde dentro. Cuando Moisés escuchó las palabras: «YO SOY me ha enviado a ti», parecía venir del exterior, pero fue susurrado desde el interior.

No hay evidencia alguna de un Jesucristo histórico. Tenemos la esencia de Cristo, pero no una esencia histórica. El ser que está hablando dentro de mí es el Cristo, pero este que te lo está transmitiendo es solo un ropaje. Todo ser humano conoce sus orígenes. Sus padres son conocidos, sus hermanos físicos y sus limitaciones; sin embargo el ser que lleva este ropaje de carne salió de Dios, que es mi Padre, porque yo soy de arriba. El cuerpo que uso es de abajo. Estoy en el mundo pero no vengo de él, pues el ser que despertó dentro de mí es el que te está hablando ahora. No es el mismo ser que atiende a los huéspedes en nuestro hogar o disfruta cenando en un buen restaurante, ya que él no es parte de este mundo en absoluto. Este es el ser dentro de ti que estoy tratando de alcanzar esta noche, tratando de sacudir y despertar para regresar al gran YO SOY.

Créeme cuando te digo que el único propósito de la vida es descubrir quién eres. Contra ti, oh Señor, y sólo contra ti yo he pecado. Dirigiéndose a él en segunda persona «contra ti», se da cuenta de que el Señor está dentro de él; que él es el «yo» del hombre que inspiró a los profetas a escribir lo que escribieron. Habiendo concebido la obra y saliendo del Padre para interpretarla, «yo» debo cumplir lo que predije que haría, y lo haré.

El cristianismo se basa en la afirmación de que ocurrió una serie de eventos sobrenaturales en los que Dios se reveló a sí mismo en acción para la salvación del hombre. Yo he experimentado cada uno de estos eventos. A medida que cada evento se llevaba a cabo, yo registraba la fecha en mi Biblia, incluso una nota pequeña y simple como: «Lo que debas hacer, hazlo rápidamente». En esa declaración marqué la fecha 10 de octubre de 1966, porque había estado predicando a un grupo de doce hombres, todos sentados en el suelo, cuando un hombre se levantó de un salto y partió rápidamente. Entonces entró un hombre vestido con costosas túnicas, se acercó a mí y descubrió mi brazo revelando el brazo del Señor. Pero este hombre se movió rápidamente, tal como indica esa simple nota.

Las palabras del Señor registradas en la edición de letras rojas de la Biblia serán cumplidas por ti. Ya sea cuando cita el Antiguo Testamento o cuando se relaciona con él, tú estás predestinado a cumplir con las letras rojas grabadas allí.

El drama completo se ha desarrollado en mí, así que conozco el modelo perfecto que Dios envió al mundo. Nos dicen que el primero será el último y el último primero. En la historia, el último acto registrado es la crucifixión, pero es el primero. He sido crucificado con Cristo. No soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me ama y se entregó a sí mismo por mí, por volverse yo, realmente. Su nombre es YO SOY. Ese es el Señor Dios Jehová, quien es Cristo. Él es el Dios Padre que se convirtió en ti. Su muerte -en el sentido de olvido completo de su verdadera identidad y la convicción de que él es realmente tú- es tu vida. Es este ser quien te dice: «A menos que yo muera, tú no puedes vivir; pero si muero, me levantaré otra vez y tú te levantarás conmigo». Él resucitó en mí. Demostró que podía morir y resucitar porque cuando se levantó, yo me levanté sabiendo que YO SOY Él. Él se convirtió en mí de la manera más íntima, convirtiéndose en mi conciencia. Entonces me habló y se reveló a sí mismo para mí, desde dentro de mí mismo. Al principio las palabras parecían venir de otro, como si alguien en el exterior las hubiera pronunciado; sin embargo, eran susurradas desde dentro, mientras todo lo dicho de Jesucristo se desarrollaba en mí.

¿Puedes aceptar mis palabras y mantener el tiempo? Es tan importante que lo hagas, pues si recurres a la segunda persona, o la tercera, has creado un Dios falso y un Jesucristo falso. ¿No te das cuenta que Jesucristo está en ti? Porque a menos que creas que tu YoSoydad es Él, morirás en tus pecados. Pon la pequeña palabra ‘es’ en la oración: «A menos que creas que Yo Soy es Él, mueres en tus pecados», para darle significado, ya que sin eso puedes pensar que un ser exterior te está hablando e impidiendo que des en el blanco. Si quieres ser rico y no crees que eres la causa de la riqueza, seguirás errando el blanco y permaneciendo pobre. El verdadero objetivo es saber que Dios es tu propia y maravillosa imaginación humana. Nunca perderás a este Dios, porque cuando se revela dentro de ti es en una experiencia en primera persona y tiempo presente.

Mientras Dios se despliega dentro de ti, no se llama a sí mismo «Dios», sino «YO SOY». Fue «Yo» quien despertó y se levantó en esa tumba; nadie más estaba allí. Nadie me ayudó a salir; «Yo» empujé la piedra por mí mismo. Y cuando miré hacia atrás para ver de dónde venía, vi a los tres testigos tal como se registró en Génesis. Se dice que Abraham (el estado de fe en el que yo comencé) estaba sentado junto a la puerta de su tienda en el calor del día, cuando aparecieron los tres hombres. Cuando uno de ellos habló del niño, Abraham supo que él era el Señor. Ese niño es Isaac, que significa, «él ríe». Encontré ese niño prometido. Al igual que Simeón, tomé a ese niño prometido en mis brazos y él rió.

Entonces, ¿quién es Cristo? ¿Y quién es el Señor? ¿Las Escrituras no se cumplieron en mí? He venido sólo para cumplir las Escrituras, y esto lo he hecho yo. Sé que soy el templo de Dios viviente, porque mi cuerpo fue rasgado de arriba a abajo. Encontré a mi hijo, Él, quien fue creado al principio para revelarme como el Padre. Esto no es lo que enseña el clero pero te estoy diciendo lo que yo he experimentado, porque he encontrado a David. Él me gritó: «Tú eres mi Padre».

No me importa lo que digan los sacerdotes del mundo; te estoy contando lo que sé por experiencia. Si ellos no creen en mí, continuarán viviendo en pecado adorando a un Dios falso. Todos los sacerdotes y rabinos adoran a un ídolo, pues el verdadero Dios no puede ser adorado en ningún tiempo que no sea el presente. Su nombre es Yo Soy. Ninguna imagen en una pared ni estatua en un jardín es el Señor. «No hagas imagen de mí». Si no lo ves como tú mismo, no lo encontrarás, y cuando él se presenta, él se revela a través de su hijo llamándote Padre. Esto lo estableciste al principio y luego aceptaste interpretar todas las partes. No puedes condenar a parte alguna, porque todas contribuyen para llegar al final, cuando encuentras a Dios. El objetivo de la vida es encontrarlo, no en el exterior sino dentro de ti mismo, en primera persona y tiempo presente. El mundo piensa que estoy loco cuando les digo quién soy, porque ven el ropaje de carne que uso y saben que estoy sujeto a todas sus debilidades. Pero como el drama de la escritura se ha desarrollado dentro de mí, sé cuán verdadera es la escritura.

No puedo describir el gozo que te inunda cuando despiertas. Solo puedo decir que el mundo al que ingreso noche tras noche es completamente diferente, y la tierra no contiene nada que pueda usar como ejemplo para describir ese mundo. Regreso todos los días a este mundo a través de la oscuridad para compartir mis experiencias con todos los que escucharán, aunque algunos me creen y otros no. Puede que mis amigos más íntimos no me crean, pues me conocen y juzgan por mis debilidades humanas. Mis hermanos, sabiendo que fuimos engendrados por el mismo padre y que salimos del útero de la misma madre, no pueden creer que mis experiencias estén relacionadas con las Escrituras. Pero no te pido que creas en Neville, sino que creas en Dios, que es tu propia y maravillosa conciencia humana.

He sido enviado para decirte quién es Dios. El que me envió es uno conmigo, pues aunque parecía ser otro cuando estaba en su presencia, cuando nos abrazamos nos fusionamos y nos volvimos uno. El ángel que registra el libro de la memoria, el libro mayor, el ser del amor que me abrazó, está dentro. Al principio yo ya me conocía por anticipado a mí mismo. Por ese conocimiento previo fui predestinado a ser llamado desde el mundo de la muerte, llamado desde dentro de mí mismo por un ser de amor infinito, usando la divina forma humana, para ser abrazado y enviado. Y en el momento en que nos abrazamos, nos fusionamos, y supe que yo mismo soy amor infinito. Hubo una aparente separación cuando entré en un mundo que no era el mío, para experimentar todos sus horrores hasta el momento final, cuando yo sea llamado, absuelto, justificado y glorificado. Ahora lo único que me queda por hacer es contárselo a todos los que escuchen y exhortarlos a poner toda su esperanza en esta gracia que está llegando a todos en la revelación de Cristo en cada individuo, en primera persona y tiempo presente.

Mientras estés aquí, sin dudas puedes convertirte en una persona independiente y segura. Todas estas cosas son posibles para ti, pero el objetivo real de tu vida es encontrar a Dios, la causa de toda vida. Creer en Dios no te ayuda. La pregunta es: ¿crees en ti mismo? ¿Puedes creer que eres rico cuando no tienes dinero alguno? ¿Puedes seguir creyéndolo a lo largo de todo el día, y quedarte dormido noche tras noche como si lo fueras? Si lo haces, serás rico. Luego cumple otro deseo y luego otro, y un día descubrirás a quien lo hizo posible. Es Dios.

Millones de personas dicen creer en Dios como si fuera una tercera persona, pero no conocen a Dios. Dios sólo puede ser conocido cuando se revela en primera persona y tiempo presente. Ese Dios no puede ser superado ni perdido, pues tú no puedes superar al Yo Soy. Yo Soy es el tema del Libro de Juan, que se remonta al capítulo 3 del Libro del Éxodo, versículo 14: «Ve y di: ‘Yo Soy me ha enviado a vosotros'». Como hombre, estoy revelando el verdadero nombre de Dios, pero aquellos que oyen mis palabras conocen el ropaje exterior que llevo y lo juzgan. Ellos conocen mis debilidades, pero no conocen al Señor. Yo te digo: cuando conoces al Señor (o mejor dicho, eres conocido por él) experimentarás una emoción que está más allá de toda descripción. Sin embargo, tu conmoción se convertirá en alegría cuando el drama de uno, llamado Jesucristo, se desarrolle dentro de ti.

Mientras tanto, puedes ponerlo a prueba en el mundo de César. No hay límite para su poder, así que toma ese poder que se convirtió en ti y adjúntalo a tu deseo. Duerme todas las noches tan apegado a tu deseo que sientas que es realidad, y en un abrir y cerrar de ojos comprobarás lo que digo. Dentro del lapso de un año, la señora de Nueva York recibió $ 50.000, apilados y rebosantes. Ella sabía exactamente lo que hacía y nunca habría adivinado que la viejecita, para quien compraba el periódico todos los domingos por la mañana, sería utilizada como medio para darle la riqueza que proclamaba. Esta mujer ha encontrado a Dios, sin embargo, ella todavía tiende a hablar de él en tercera persona.

El hombre tiene el hábito de pensar en Dios y no como Dios. Es muy fácil olvidarte de mantener el tiempo. Todo buen judío bien entrenado está familiarizado con los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Han leído el Libro del Éxodo muchas veces y creen que Dios es el gran YO SOY; pero aun así, piensan en él en tercera persona. Piensan que cualquiera que se levante y proclame audazmente: «Yo soy Él» sería arrogante; sin embargo, yo te digo que es la única forma en que alguna vez encontrarás a Dios.

Pero cuando viene, no hay necesidad de jactarse de ello. Tú sabes quién eres, y cuando te llaman por tu nombre terrenal, tú respondes. Tal vez cenarás con otras personas, pero ellos seguirán desconociendo por completo al ser que habita dentro de ti, y tú no siempre arrojarás perlas a los cerdos, ya que no están preparados para recibirlas. Te unirás a su fiesta y disfrutarás de la velada mientras dejas que el hombre exterior juegue su parte, pero tú conoces al hombre interior, al que ellos no conocen. Ese hombre es Jesucristo.

Sólo hay un Cristo. Todo aquel que ha sido crucificado con ese Cristo puede declarar: «No soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en este cuerpo de carne y sangre, la vivo por la fe del Hijo de Dios, quien me amó y se entregó por mí». Dios en verdad se hizo tal como eres, para que puedas elevarte al único que se llama Dios Padre. Con un poder especial, descendemos de Dios para convertirnos en dioses. Para descender con ese poder y jugar estos roles, tuvimos que ingresar en el olvido completo. El actor no puede fingir. Debe ingresar y convertirse en la parte que acordó jugar. No puede pisar el escenario sabiendo que es un gran actor reconocido por todos. Debe perderse en el personaje dejando su personalidad en el vestuario y entrar al escenario como el personaje que debe representar. Así que cuando Dios pisó el escenario usando este ropaje, él es Neville, ciento por ciento. Tuvo que olvidar por completo que era Dios, aunque sabía que traía consigo un modelo que emergería y su memoria volvería. Acepté jugar el papel de Neville. Él y yo somos uno, pero yo soy más grande que él.

Mira a Jesucristo como un modelo. Te he contado cómo ese modelo emergió en mí, con la esperanza de que me creas. Aunque algunos creen en mis palabras, la mayoría no cree en el cumplimiento de las escrituras. «Vino a los suyos y los suyos no le creyeron». Lo que yo te digo y lo que tú eres capaz de concebir pueden ser completamente diferentes. ¿Puedes recibir lo que te digo como mi propia experiencia personal? Puedo decirte que las Escrituras son verdaderas de principio a fin, pero ¿puedes creerme lo suficiente como para confiar completamente en la gracia que viene a ti con la revelación de Dios dentro de ti? Espero que sí, porque Dios está en ti como tu Yo Soy. Y cuando se despierta, tú atraviesas una serie de eventos sobrenaturales llamados Jesucristo. Entonces contarás tus experiencias a aquellos que escucharen, con la esperanza de que ellos las acepten; pero no importa si lo hacen o no, pues al final te quitas tu ropaje de carne y regresas a una intimidad que es indescriptible.

Ojos no han visto ni oídos han escuchado las cosas que ya están preparadas para ti. En ese mundo tú tienes el control de todo y todo está vivo. Cada noche yo voy más allá del mundo del sueño para entrar en el mundo de la realidad, y vuelvo cada mañana por el mundo del sueño para regresar a este mundo de muerte. Esto lo hago noche tras noche, y seguiré haciéndolo hasta el momento en que le plazca a lo más profundo de mi propio ser (que es el Padre) quitarme esta prenda de carne y hasta ahí llegaremos.

Recuerda, sólo puedes pecar contra lo profundo de ti mismo, que es Dios. Y cada vez que piensas en Dios de cualquier manera que no sea primera persona y tiempo presente, te estás remitiendo a un ídolo, sin importar cómo lo llames. Si sales de este auditorio esta noche consciente de ser Dios, estás caminando en el conocimiento del Dios verdadero y todo es posible para ti. Camina en la completa confianza de que las cosas son como tú quieres que sean. Esto es lealtad a la realidad que no se ve. Esto es fe. Solo hay dos cosas que desagradan a Dios: una es la falta de fe en que YO SOY Él, y la otra es comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Antes de descender a la tierra del olvido, te prometiste a ti mismo que algún día tu memoria regresaría y te darías cuenta de que eras el creador de todo, porque Dios mismo se entregó a ti. Él realmente se convirtió en ti, tal como se cuenta en la historia de Melquisedec. Él no tenía padre, ni madre, ni principio, ni final. Al final te conviertes en un sacerdote según la orden de Melquisedec, sabiendo que todo el vasto universo infinito fue creado y sostenido por ti. Pues bien, esto es realmente increíble. Recientemente leí que el gran Einstein dijo: «Me regocijo en el descubrimiento de la uniformidad de las leyes de la naturaleza y de quien sea que esté detrás de eso que llamamos Señor. Pero ese hombre debería sobrevivir a la desintegración del cerebro, lo cual es impensable para mí.» Si un hombre tan maravilloso como Einstein siente que la historia del evangelio es impensable, entonces no condenes a nadie. No puedes negar la grandeza de Einstein. Era tierno, amable y sincero; pero a pesar de esa gentileza, estaba bastante satisfecho de vivir en la uniformidad de las leyes de la naturaleza y de quien sea que esté detrás de ella.

Te digo que hay alguien detrás de todo. Él te amó tanto que se convirtió en ti y está llegando el día en que sabrás que tú eres él. Sabrás que no eres la creación de la ciudad, sino su creador. No eres lo hecho, sino el hacedor. Ya seas hombre o mujer, eres la emanación del Señor, y aun así su esposa hasta que el sueño de la muerte haya pasado. Entonces te despertarás para saber que nunca dejaste tu hogar celestial, nunca naciste y nunca mueres, salvo en tus sueños.

Ahora entremos en el silencio.

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