EL MORADOR EN EL UMBRAL.

«Sólo aquél que no tiene derecho a vivir debe morir, y sólo aquél que no tiene derecho a existir debe ser llevado a su fin.»

El MORADOR EN EL UMBRAL

Neville Goddard (4-6-1971)

Traducido por Penchi Quinch para Aquiétate Elige Sé.

Sólo aquél que no tiene derecho a vivir debe morir, y sólo aquél que no tiene derecho a existir debe ser llevado a su fin.

Y eso no tiene nada que ver con ningún niño nacido de mujer, ni con flor que alguna vez floreciera. Es algo completamente diferente de lo que el mundo podría sospechar, ya que a ti y a mí se nos ha otorgado el mejor regalo del mundo.

«Dios se volvió como nosotros, para que nosotros podamos ser como Él es». [«Jerusalén» de W. Blake].

¡En eso se nos dio completa libertad, hasta para hacer mal uso del regalo de Dios! Y ese es Su Poder.

Esta noche compartiré contigo una experiencia mía -sucedió hace años- para mostrarte la única cosa que no tiene derecho a vivir, la única cosa que no tiene derecho a existir, y debe ser llevada a su fin.

Inesperadamente me encontré confrontado con dos criaturas: una, la cosa más monstruosa que alguna vez podrías concebir; y la otra, el ser más angelical que podrías imaginar. El primero era un ser peludo, monstruoso… casi sería injusto con el mundo de los monos el llamarlo gorila o babuino, pero esa era la imagen, aunque él era mucho más que eso. Y hablaba guturalmente. Miró al ser angelical y lo llamó «Madre». Eso me enojó y comencé a golpearlo, pero él se regocijaba. Amaba la violencia. Cada golpe lo hacía más fuerte. Era la encarnación de cada pensamiento y acto malvados que yo alguna vez haya albergado o expresado.

Estaba totalmente inconsciente de esta creación mía hasta ese momento en el que fui lo suficientemente fuerte como para enfrentarlo, y no puedo explicar la emoción que me embargó cuando vi lo que había hecho. Yo creé eso que no tiene derecho alguno a existir, y debe ser llevado a su fin. Creé eso que no tiene derecho a vivir, y debe morir. Los golpes no podían matarlo. Vivía de los golpes, vivía de la violencia. Mientras lo miraba, mi ser se impregnó de una emoción que no recuerdo haber sentido nunca antes: una compasión, una infinita compasión que, aunque me tomara la Eternidad redimirlo, lo haría. Me lo prometí a mí mismo, ya que no había nadie ante quien pudiera jurar; no había testigos. Algo dentro de mí se comprometió a salvar a este monstruo aunque me tomara una Eternidad. ¡No me tomó más de una fracción de segundo!

En el momento en que decidí que lo salvaría, ya que no tenía derecho a existir, en ese momento todo se evaporó ante mí. Se hizo cada vez más pequeño; solo tomó una cuestión de segundos realmente. Y eso que fue monstruoso sólo un momento antes, se disolvió completamente ante mí, y era todo energía, energía malgastada. Y regresó a mí. Nunca me he sentido más fuerte que en ese momento cuando toda esa energía gastada para construir y crear esa cosa que no tenía derecho a existir, regresó a mí, y aquí estoy tan poderoso como, digamos, el Universo.

Y la maravillosa criatura que era la personificación de todo pensamiento noble y amoroso que yo alguna vez haya albergado, ya sea expresado o no expresado, ella brillaba como el sol. Ella tenía derecho a existir. Ella era la personificación de mi uso -mi uso sabio y amoroso- del regalo que Dios me hizo; ¡y la cosa monstruosa era la personificación de mi mal uso del mismo regalo! Eso es lo que, un día, tú enfrentarás. Ese es tu «morador del umbral». 1

Todos, en un momento determinado, nos encontraremos con él y la conoceremos a ella, y ella vivirá y brillará, y él, en un segundo, simplemente se evaporará ante tus ojos. No hay pérdida alguna. Él no tenía derecho a existir. Pero en nuestro progreso, desde que recibimos el regalo de Dios hasta que completamos el uso que hacemos de él con amor, cometemos errores. No hay condena para quien cometió el error. De hecho, no hay condena. Eso es lo único que dejará de vivir. Es lo único que no tiene derecho a vivir.

Por lo tanto, amigo, la criatura más horrible del mundo tiene derecho a vivir. Todos los Stalin del mundo tienen derecho a vivir. Todos los Hitler tienen derecho a vivir, y vivirán, pero un día se enfrentarán al monstruo que ellos mismos crearon, y ellos también se llenarán de compasión para redimirlo, sin saber que es solamente la personificación de su propia energía mal usada. Todo volverá a ellos, y se hincharán de poder como resultado del retorno de esa energía.

Pues bien, las Escrituras nos dicen: «Nadie puede decir ‘Jesús es el Señor’ excepto el Espíritu Santo» [I Corintios 12:3]. Eso rige para todos los que caminan sobre la faz de la tierra: «Nadie». Puedes decirlo en palabras y confesarlo con tus labios, pero no lo sabes hasta que el Espíritu Santo lo revela dentro de ti. Ahora, ¿Quién es el Espíritu Santo?

Vamos al Evangelio de Juan. Él dijo: «Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuera, el Espíritu Santo, que es el Espíritu de la Verdad, no vendría a vosotros. Más si me voy, os lo enviaré» (Juan 16:7).

Ahora recuerda sus palabras: El que envía y el Enviado son uno. Él dijo: «El que me ve, ve a Aquel que me envió» (Juan 12:45).

«Salí de mi Padre, y vine al mundo» (Juan 16:28).

Nunca estoy solo. El Padre que me envió está siempre conmigo, pero tú no conoces a mi Padre y no me conoces a mí, porque El que envía y el Enviado son uno. Por lo tanto, si envío al Espíritu Santo, también vas a verme a mí. Pero ahora voy a desaparecer físicamente, eso es lo que les estás diciendo. No es un hombre, pero tu concepto de Jesucristo es el de un hombre externo a ti. Cuando escuchas la palabra «Jesús», se conjura ante tus ojos mentales una presencia externa a ti. Pero llegará el día en que ese concepto que ahora tienes de Jesús, deba llegar a su fin. ¡Es un momento terrible en la vida de alguien que se llama cristiano!

Cuando miras la historia, no es historia secular. Nosotros hemos interpretado personificaciones como personas, hemos interpretado el vehículo que transmitió las instrucciones como la instrucción misma y el sentido primario como el supremo sentido definitivo, y cuando la no-historicidad de la Escritura se revela al hombre y el hombre la acepta, de manera que el concepto físico y visible de Jesús se desvanece… el hombre también se desmorona. ¡Qué horrible vacío en tu vida en ese momento! Durará un tiempo, pero se desvanecerá de ti como un ser externo al que podías volverte y orarle y ahora ya no puedes: ahora el Espíritu de Jesús se levantará dentro de ti. Es entonces cuando llega el Espíritu de la Verdad. ¿Y cuándo se levantará? Él llega «como un ladrón en la noche» (I Tesalonicenses 5:2). ¡De repente él se levantará dentro de ti como tú mismo, y entonces sabrás quién es el Señor Jesús! [Ver extractos de «En Búsqueda del Jesús Histórico» del Dr. Albert Schweitzer, agregados al final de esta transcripción.]

Cuando el Espíritu de la Verdad se despliegue dentro de ti como tú mismo, conocerás el misterio del Señor Jesús, ¡y entonces sabrás que el Señor Jesús es Dios! Sabrás, por tu propia experiencia interna, que Jesús es el Señor. Y cuando leas estas palabras: «Y entonces el reino de este mundo se convertirá en el Reino de nuestro Señor y de su Cristo» (Apocalipsis 11:15), ¡pero si tú siempre pensaste que Jesús y Cristo eran uno y lo mismo! Lo son, en cierto sentido, pero en el capítulo 11 de Apocalipsis somos advertidos una y otra vez: «No añadas ni una palabra a este libro ni quites ni una palabra de él», con una amenaza sobre lo que sucederá si lo hacemos (Apocalipsis 22:18,19). Aun así, ningún libro del Nuevo Testamento ha sido más violado que Apocalipsis.

Tengo libros en casa sobre el Apocalipsis de la Biblia, como el libro llamado «Revelación». ¡Qué interpretaciones estúpidas! No lo cambies. Todo es visión. Déjalo tal como está, y va a desarrollarse dentro de ti.

En el capítulo 11 de Apocalipsis: «Cuando el reino de este mundo se convierta en el Reino de nuestro Señor y de Su Cristo». Entonces Cristo es el Mesías. Yo te diré quién es él. El Mesías es David. Ese es el «Cristo del Señor», pues él dijo: «Yo estoy yendo al Padre. Yo estoy saliendo del mundo y yendo al Padre.»

“Yo salí del Padre, y vine al mundo. Otra vez Yo estoy dejando el mundo y yendo al Padre» (Juan 16:28).

Luego, si regresa al Padre, es un padre, y debe haber un hijo para dar testimonio de su paternidad, y ese hijo es David. Y David un día estará delante de ti y te llamará «Padre». Entonces conocerás al «Cristo del Señor». Entonces conocerás a la Humanidad, pues la Humanidad completamente aglutinada en un solo ser, y personificada, emerge como David.

Así, habiendo jugado todas las partes, perdono a todas las partes. Y habiéndolos jugado a todos, llegaré al final y diré, como Pablo: «He peleado la buena batalla. He terminado la carrera. He mantenido la fe. Ahora está guardada para mí la Corona de Justicia». (II Timoteo 4:7,8).

«Nadie me moleste ahora, porque llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús» (Gálatas 6:17). No los pequeños estigmas, no. Las marcas, los grandes y maravillosos eventos sobrenaturales a través de los cuales el individuo debe pasar. Él debe ser «nacido no de sangre, ni de la voluntad de la carne ni de la voluntad del hombre, sino de Dios» (Juan 1:13). «Nacido de arriba», porque «A menos que nazcas de arriba, no puedes entrar al Reino de los Cielos» (Juan 3:3), no importa cuán bueno seas a tus propios ojos ¿qué hombre no se cree bueno y digno de entrar? Lee el capítulo 16 del libro de Proverbios: «Todas las obras del hombre son perfectas a sus propios ojos, pero Dios ve el corazón» (Proverbios 16:2). Y así, según su posición social, intelectual y financiera, creemos que es digno. Bien, ciertamente él no tendría estas cosas en el mundo; ¡Dios debe haberlo amado más que a los otros, a juzgar por lo que tiene en este mundo! ¡Y debe ser, de alguna extraña forma, una demostración del amor de Dios! No tiene nada que ver con eso.

Así que aquí, en el final, conocerás al Señor, y no Lo conocerás como algo externo a ti mismo. Lo conocerás como tu propio Ser.

«Dios se volvió como nosotros, para que nosotros podamos ser como Él es». [«Jerusalén» de W. Blake]. Y Él nos sirve, sea nuestra voluntad buena o mala. Nos espera exactamente con la misma premura y con la misma indiferencia, tanto cuando nuestra voluntad es mala, como cuando es buena.

Ahora, ¿qué pasará? Tus actos imaginarios. Cada uno de tus actos imaginarios es un acto creativo, y un día lo vas a ver. Mucho antes de que realmente lo veas personificado, tanto en la hermosa criatura como en el horrible monstruo, verás la evidencia de esta verdad por las cosas que te suceden en el mundo. Verás cosas que suceden y recordarás: «Una vez imaginé eso. Una vez jugué con ese acto imaginario, y me dejé llevar por la creencia de que era verdad». Y en la medida en que realmente lo acepté como verdad, se proyectó en la pantalla del espacio y se convirtió en un hecho en mi mundo. Al principio, no lo relacioné del todo. No podía creer que tuviera el poder de hacer eso. Luego lo intenté y volví a lo intentarlo, una y otra vez, y estas cosas se convirtieron en realidades en mi mundo. Entonces comprendí quién es este Ser de quien hablan las Escrituras.

Se nos dice: «Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.» (Juan 1:3). Así yo encontré quién es este Uno. ¡Él debe ser mi propia y maravillosa imaginación humana! Si de lo que se habla es de Dios, mi imaginación debe ser Dios, ¡y ese es el Ser que he estado usando mal, mañana, tarde y noche!

Y entonces llega el final. El momento en el que alcanzo el verdadero final del viaje. Y aquí debo, ahora, encontrarme con que YO SOY el Padre, pues el fin es encontrar al Padre, la causa de todo; y si encuentro al Padre, debe haber un hijo, ¡y aquí está David frente a mí! Y no hay dudas en cuanto a la relación entre el joven que está parado frente a ti, y tú mismo, que lo estás viendo. Él sabe que tú eres su padre, y tú sabes que él es tu hijo.

Todos van a tener esta experiencia, te lo profetizo, independientemente de tu sexo actual. En la Resurrección, estamos por encima de la organización de sexos. Somos una Hermandad. Todos nosotros somos Hermanos; y juntos, colectivamente, formamos un solo Ser, y ese único Ser es Dios Padre. Y tú un día descubrirás que eres el Señor Jesús, y sabrás quién es «Su Cristo», como se menciona en el capítulo 11 de Apocalipsis: «Nuestro Señor que ahora es rey sobre toda la tierra y Su Cristo». Y se habla de «Su Cristo» en las Escrituras como el «Príncipe de todos»; que «Yo, el Señor, seré su Dios y Rey, y David será su Príncipe» (Ezequiel 34:24 y 37:25)

Pues bien, si él es rey, su hijo es príncipe, y su hijo es David. Léelo en los capítulos 34 y 37 de Ezequiel. Él lo establece por siempre y para siempre pero el hombre, que ve esto como una historia secular, ha comprendido erróneamente la cuestión esencial. Pues, «ningún hombre puede decir que Jesús es el Señor, excepto el Espíritu Santo»; y el «Espíritu Santo» es el espíritu de la verdad, que viene al hombre después que él pierde el concepto de un ser secular objetivo y visible, llamado «Jesús». Pero:

«La verdad encarnada en un cuento
Entrará a través de las puertas humildes».
[Tennyson]

Según parece, el hombre en su nivel actual, no podría comprender esta gran verdad, por lo que le fue contada en forma de historia.

Así mi madre me contó la historia cuando era niño y me habló de un Jesús. Recuerdo ahora una imagen en la pared de la sala de estar. Era «La Matanza de los Inocentes». No sé cómo la consiguió mi madre pero muchos días me paré frente a esa imagen y lloré, por alguien que podía ser tan cruel como para tomar pequeños niños inocentes y masacrarlos a fin de atrapar a un niño que querían eliminar. Para ello, mataron a todos los varones menores de dos años, para terminar con el que querían destruir porque fue profetizado como el Rey de Reyes, el que iba a desplazar a todos los poderes del mundo. Puedo ver esa imagen ahora… algo horrible que mi madre tenía. De donde la obtuvo, no lo sé.

Pero sin saberlo, luego de haber escuchado la historia, la tomé tal como mi madre la tomó. La tomamos como historia secular. La Biblia no es historia secular. No hay historia secular en la Biblia. Todavía están buscando los huesos en el Cercano Oriente. Todavía están tratando de encontrar pedazos de la madera sobre la que se supone que fue crucificado. Todavía están tratando de encontrar las piezas de tela de la ropa que usaba. Y lo más sorprendente es que haya personas en el mundo, supuestamente inteligentes, que presten sus oídos a esas historias y las expongan a la luz para justificar su propia, extraña y peculiar incomprensión de las Escrituras.

Yo te lo digo, no hay un lugar en el que Jesucristo esté enterrado, excepto el cráneo del hombre. Ese es el único lugar donde está enterrado, en el cráneo de cada pequeño niño. Ahí es donde está enterrado. El pequeño cuerpo de ese niño, esa es la cruz, y la llevará siempre que lleve un cuerpo de carne y hueso.

La muerte física no termina con el pequeño cuerpo. Lo renueva, como se dice en el Salmo 103. «Él renueva nuestra juventud como el águila» (Salmo 103:5), el joven águila. Tú dejas tu cuerpo aquí y, de repente, te encuentras nuevamente corporizado. Aunque hayas dejado un viejo cuerpo de 90 años, estás vestido con un cuerpo de unos 20 años, en un mundo como este, con problemas como los que pensaste que habías dejado atrás, y el 99 por ciento de nosotros que partimos de este mundo, que no hemos sido despertados del sueño de la vida, ni siquiera sabemos que ya nos hemos ido. Están en un mundo como este, y no saben que alguna vez ya se han ido. Pueden mirarse al espejo y ver a un joven en lugar de un anciano de 90 años, y aun así no reconocen que algo debe haber pasado. Miran y ven a un joven de 20 años, y sabían que estaban sin cabello, sin ojos, sin dientes, sin nada, sólo un momento antes, pero aun así no lo reconocen. Yo los reconozco, por eso sé de lo que estoy hablando.

¿Y tú los llamas muertos? Tienen razón si te dicen que eres estúpido porque saben que no están muertos. Están muy vivos, ¿cómo puedes llamarlos muertos? Y si les dices: «Moriste, lo sabes. Yo estuve en tu funeral», como yo les dije a otros: «Yo fui a tu funeral. Conduje tu funeral».

Ellos dicen: «¡Eres estúpido! ¿Qué funeral?» Él está aquí de pie frente a mí, y es un joven fuerte, sano, maravilloso, y yo le digo que fui a su funeral, le ofrecí un bello funeral católico y lo puse en tierra santa, y traje al sacerdote para que hiciera todas las pequeñas ceremonias para él, como su hermana pedía, y pagué los gastos. Ella no pagó un centavo, pero quería todas estas cosas, y yo amaba a mi secretario, e hice todo esto por su hermana, no por Jackie. Jackie no habría querido estas cosas. Entonces le dije: «Te llevé a Haverstraw, Nueva York, y te puse en una pequeña y bonita tumba en un bello terreno sagrado, un terreno católico. El sacerdote vino e hizo todo aquello por ti.»

Me miró y rió, porque Jack y yo éramos como hermanos, aunque él era mi secretario. Jack murió de repente un caluroso día del mes de agosto en la ciudad de Nueva York, y yo volví al este y me ocupé del funeral. Y cuando lo encontré seis meses después, me volví a mi cuñada y le dije: «¿Cómo puedes decir que no hay supervivencia cuando ves a Jack?»

Ella respondió: «¿Qué tiene eso que ver con esto?»

Le contesté: «¿No sabes que murió? Murió hace seis meses, en agosto pasado.» Esto era a finales de enero o febrero del año siguiente y ella recordó que él realmente murió, y mientras en su rostro se dibujaba una peculiar mirada de asombro, Jack me dijo: «¿Quién murió?»

Yo respondí: «No estás muerto, Jack, pero tú has muerto. Y yo regresé de California y organicé un maravilloso funeral católico para ti.»

Él pensó que esa era la cosa más estúpida del mundo. Yo le dije: «Ven aquí, Jack», y se me acercó obedientemente. Dije: «Mira esto, Al”. Su nombre es Alice pero siempre la llamé Al. Entonces puse mi mano sobre su muslo y dije, «Ya ves, él es sólido. Él es real. Esto es carne y sangre. Mi mano no puede atravesarlo. Esto no es etéreo. ¡Es real!»

Y Jack hizo exactamente lo que habría hecho aquí. Él hizo esto [mostrando el gesto]: «Quita tu mano de mí». Exactamente igual.

No existe un poder transformador en la muerte. Si eres un ladrón aquí, también lo eres allá. Si eres un idiota aquí, lo eres allá. Lo único que difiere es que si ahora estás ciego, no estás ciego allá; eres renovado como el águila. Tu juventud se renueva, así que no vas sin el brazo, sin los dientes, sin el pelo, sin esas cosas. Todas esas cosas se renuevan cuando contemplas al Ser que es Eterno. Realmente lo contemplas, y al instante eres revestido en un ropaje, una prenda sólida y maravillosa como la que tenías a los 20 años aquí. Nada te falta. Pero eso aún no te llevará al Reino de los Cielos. Debes «nacer desde arriba». Porque, «A menos que nazcas de arriba, no puedes entrar al Reino de los Cielos». Y ese nacimiento es literal, directamente del cráneo del hombre.

Un día lo sentirás. Se te dice que esto llega con la séptima trompeta. Y de repente la escuchas. Es el viento más extraterrenal que hayas escuchado alguna vez. Como dijo el poeta:

«Todas estas cosas me fueron anunciadas:
Nada podía yo prever.
Pero aprendí cómo sonaría el viento
Después de estas cosas así debería ser.»
[«La Nueva Casa», de Edward Thomas.]

Y ciertamente aprendes después que llega el viento. Lo sientes y lo escuchas, y de repente estás despertando y despertando y despertando. ¿Y dónde estás despertando? En tu propio cráneo. Y sabes que tu cráneo es una tumba, ¡lo sabes! Sabes que es un sepulcro, y la única razón por la que estás en él es que alguien debe haber pensado que estás muerto, porque aquí estás.

Estás enterrado, y está sellado. No hay salida. Estás solo. No hay vigilante alguno; estás completamente solo. Entonces te levantas dentro de tu propio cráneo ¡y estás completamente desarrollado! Y entonces tienes una sabia intuición sobre cómo salir, y nadie hace rodar la piedra desde el exterior como lo enseña nuestro clero del mundo. ¡Tú lo haces! Desde dentro empujas, del mismo modo que un niño que nace empuja desde dentro, y entonces algo cede, y algo se mueve, aparentemente desde fuera, pero todo se debe a tu esfuerzo desde dentro. Y sales, esforzándote, de un pequeño agujero. Y lo primero que sale es tu cabeza. Eso primero, luego te estrujas y arrastras la porción restante de ti, y miras hacia atrás, a la cosa de la que saliste, y es tu sepulcro. Ahí es donde estuviste enterrado todo el tiempo. Ahí es donde estuviste soñando el Sueño de la Vida, y pensaste que era real. Y cuando sales, todo lo dicho en la historia de Jesús en el Evangelio, sobre el nacimiento, tú lo experimentas en primera persona del singular y tiempo presente.

El bebé es solo un signo que indica tu propio nacimiento, que Dios nació. Fue Dios quien fue sepultado en ti. Es Dios, cuyo nombre por siempre y para siempre es «YO SOY». Y ese es Jesús. Ese es el único Jesús en el mundo. «Mi nombre por siempre y para siempre es YO SOY» (Éxodo 3:15). ¿Quién está hablando? El Señor Dios Jehová. Y en el libro de Juan están estas maravillosas y audaces afirmaciones del YO SOY:

«YO SOY el camino». «YO SOY la verdad». (Juan 14: 6)

«YO SOY la luz». (Juan 8:12 y 9: 5)

«YO SOY la puerta». (Juan 10: 7 y 9)

«YO SOY la vid verdadera». (Juan 15: 1)

Todas estas audaces afirmaciones proclaman el YO SOY. Él también dijo: «YO SOY el único camino, el único camino verdadero y vivo» (Hebreos 10:20).

Un día tú lo experimentarás. No hay otro camino hacia el Padre, excepto a través del Espíritu Santo, quien viene sólo después que has perdido la fe en un salvador externo. ¿Y me permites decírtelo por experiencia? Es un momento horrible en el tiempo.

Criado como fui en un hogar cristiano maravilloso, donde mi madre vio que todos teníamos una base sólida en cuanto a la historia, porque cuando ella enseñaba la historia, la creía verdadera; mi padre la creía verdadera, y todos nosotros la escuchábamos desde la rodilla de nuestra Madre, y creíamos que era verdadera. Y cuando escuché que no era histórica, cuando me enteré de la no historicidad de la historia más grande jamás contada, mi mundo colapsó. No sabía hacia dónde volverme. ¡Entonces no tenía dios! Estaba sin nadie hacia quien pudiera volverme y aferrarme y, ¡oh, qué vacío se produce en un hombre en ese momento! Pero se te dice: «Ahora vuestros corazones están angustiados». Léelo en el libro de Juan (capítulo 14): «Aunque les he dicho que debo irme, están tristes de corazón, pero si no me alejo, entonces el Espíritu de la Verdad no puede venir a ustedes; pero si me voy, lo enviaré a ustedes, porque yo estoy yendo al Padre» y El que envía es el Padre, y el Enviado es uno con el Padre. Entonces, Él te envía su Espíritu.

Cuando de repente has perdido todos los conceptos externos de Dios, entonces el Espíritu viene, y el Espíritu se despliega dentro de ti como tú mismo. Y entonces sabrás cuán verdadera es la historia Cristiana. Y la historia Cristiana es sólo el cumplimiento del judaísmo. Todo estaba predicho en el Antiguo Testamento, pero en esa época no podían entenderlo más de lo que lo entienden hoy, ya que cuando sucedió en alguien y ese alguien lo contó… eso no era lo que estaban buscando. Buscaban un Salvador externo que pudiera venir y destruir a sus enemigos físicos, y establecer a Israel como un extraordinario poder. Y esa no es la historia en absoluto.

Cuando pierdes todos los conceptos de una causa secundaria, Israel no tiene enemigo alguno. Cuando un hombre no tiene otro ser a quien pueda recurrir, cuando no puede volverse a otro, entonces se libera de la tiranía de las segundas causas. Pero hay un primer impacto que le llega al hombre cuando realmente descubre que no es la historia secular, y aun así es más verdadera que cualquier cosa que alguna vez fuera registrada en este mundo del César, porque toda la historia del mundo es solo una opinión escrita siglos después del evento.

Todos nuestros eventos históricos se escriben después del evento. Incluso cuando se escriben como obras contemporáneas, difieren entre ellos. Tuvimos la Segunda Guerra Mundial, y tú y yo sólo tenemos que recordarla. Lee los libros sobre la Segunda Guerra Mundial. Si un británico lo escribió, entonces Montgomery fue el general sobresaliente. Si un estadounidense lo escribió, lo fue Eisenhower. Si un alemán lo escribió, lo fue Rommel. Si un ruso lo escribió, lo fue Stalin. Todos estos hombres lo escribieron, y los hechos son los mismos. Estamos viendo los hechos y, sin embargo, al tratar de ponerlos en un papel y llamarlo historia, están tan distantes entre sí como los polos. Si eso sucedió en nuestra generación, imagina lo que sucede después de trescientos, cuatrocientos o quinientos años.

Yo te lo digo, la Biblia no es historia secular; es historia de salvación. El sueño está teniendo lugar en la Eternidad, pero debe reproducirse aquí en nosotros mientras somos generados en la tierra, ya que «nadie puede alcanzar la gloria, excepto aquél generado en la tierra». [«Jerusalén» de W. Blake].

Aquí, esta es la experiencia más maravillosa que puedas tener, encontrarte revestido de carne y hueso, pues mientras caminas sobre la tierra en carne y hueso, los cuales se pudren, esta cosa inmortal va a suceder dentro de ti, y luego el Tú Inmortal se elevará, y sabrás Quién Eres. Y sabrás que eres el Señor Jesús.

Luego en tu mundo, tú lo dirás, y antes de que te vayas de este mundo por última vez, porque después del «nacimiento desde arriba», tu muerte física es el final de tu viaje. No más restauraciones, solo una: ahora eres uno con el Padre.

La cita real de «Jerusalén» dice: «Ni puede consumarse gloria alguna sin ser generada en la Tierra…»

Y mientras te suceda a ti, lo dirás, y habrá aquellos en el mundo que te verán y sabrán que eres el mismo ser que conocen, pero sabrán que eres Dios. Sabrán que eres Stanley y sin embargo sabrán que Stanley es Dios. Sabrán que eres Jan y sabrán que Jan es Dios. ¡Hay sólo un Dios, y ese Dios es cada ser que se despierta! Es Dios expandiéndose a Sí mismo, y tenemos que estar todos juntos para formar el único Dios.

«Nadie», y eso significa NADIE, «puede decir que Jesús es el Señor, excepto el Espíritu Santo». Y eso llega después de la desilusión, cuando comprendes que no hay historia secular en las Escrituras. ¡Y qué vacío le invade al individuo que lo descubre! Pero es sólo por un corto tiempo. Escucha las palabras:

«Dentro de poco tiempo ya no me verás más, y dentro de poco me verás, porque voy al Padre» (Juan 14:19). Y ellos se preguntaban: ¿De qué está hablando? «Dentro de poco tiempo no me verás más, y de nuevo en poco tiempo me verás, porque voy al Padre». Él regresa a la Fuente de todo lo que existe; Él es uno con el Padre.

Pero ahora tú, que perdiste la visión física de un Salvador externo a ti, recibirás en su lugar el Espíritu de la Verdad, porque él se define a sí mismo como la Verdad. Entonces, si él envía al Espíritu de la Verdad, él se está enviando a Sí mismo. Ahora, cuando el Espíritu de la Verdad llega dentro de ti, entonces Jesús se desarrolla dentro de ti. Y todo lo que se dice de él lo experimentas como tú mismo. Entonces sabrás Quién Eres. Al final, solo está Jesús, nada excepto Jesús. Y Jesús es el Señor Dios Jehová «y Su Cristo», que es la suma total de todas las experiencias de la humanidad personificadas en un sólo joven, y ese joven llega como David.

Cuando lees: «Nuestro Señor, que ahora es rey de todos, y Su Cristo», entonces el libro termina. El último libro de la Biblia termina con estas palabras: «Ven, Señor Jesús» (Apocalipsis 22:20). ¡Que venga! «Ven, Señor Jesús».

Y justo antes de eso hay una advertencia: «No añada ni quite palabras de la profecía de este libro» (Apocalipsis 22:18, 19). Pero, a pesar de la advertencia, lo hacen mañana, tarde y noche. Mas yo te digo que lo más imposible registrado allí, tú lo vas a experimentar. Yo he experimentado las Escrituras. Y sólo estoy compartiendo con ustedes mis experiencias. No estoy teorizando; no estoy especulando.

Si me lo dijeron al principio de los tiempos, debo confesar que lo había olvidado, porque es simplemente el regreso de la memoria. Así, el Espíritu de la Verdad es llamado el Consolador. Es llamado el Consejero. Y luego se te dice que cuando viene a ti: «él traerá a tu memoria todo lo que te he dicho» (Juan 14:26). Por lo tanto ¡él es un Recordador! Entonces, el hombre recuerda.

Cuando realmente confrontas a David, no es algo que esté sucediendo por primera vez. Siempre fuiste su padre, así que debes haber sufrido una amnesia total, porque es como el regreso de la memoria.

¿Te imaginas a alguien en este mundo que mira directamente a la cara de su esposa, la que dio a luz a sus hijos, y no puede reconocerla? Esto no es una teoría; estos son hechos. Hay gente que tiene una pequeña amnesia parcial, pero hay casos de amnesia total en los que simplemente no reconoce a su padre, madre, hijos, esposa, amigos; no reconoce a nadie. Y puedes golpearlo en la cabeza y darle todos los golpes del mundo, y no puedes lograr que recupere la memoria. Pues «el Espíritu Santo traerá a tu memoria todo lo que te he dicho». Y lo que te he dicho es: ¡Tú eres el Señor Jesús! Tú eres el padre de la Humanidad. La humanidad colectivamente, que personificada en un solo ser, llega como David. Eso es lo que eres.

Cuando se desvanece tu concepto de un dios externo a ti, y tienes un pequeño lapso de tiempo sin saber a dónde ir, como un barco sin timón, el Espíritu vendrá en ese lapso. En ese lapso él enviará al Espíritu de la Verdad. El Espíritu se agitará dentro de ti y entonces comprenderás lo que te he dicho, porque vas a experimentarlo en primera persona del singular y en tiempo presente. ¿Experimentar qué? La historia del Evangelio. Y sabrás quién es Jesús. ¡Pero todos lo harán! Entonces, permíteme repetir lo que dije al principio:

Sólo aquél que no tiene derecho a vivir debe morir, y sólo aquél que no tiene derecho a existir debe ser llevado a su fin.

Y no tiene nada que ver con niño alguno, no importa cuán vil sea en este mundo. ¡Fue creado en Amor! Todo lo que ves a tu alrededor en el mundo está creado en Amor. Nunca hubieras creado nada si no lo hubieras amado.

Pero estás creando algo que no tiene derecho a existir, y un día lo enfrentarás, y es sólo la personificación de tus energías malgastadas, energías con las que te descontrolaste y las arrojaste como si las tuvieras para siempre. Y lo haces. Él te lo concede. Sí, incluso para malgastarlas, y por lo tanto las malgastas, y después tendrás que confrontarlas. Pero déjame consolarte. No tomará más de un segundo redimirlo, no toda la Eternidad. Pero no puedes jugar con eso. Y déjame decirte que no lo harás. Harás una promesa, no porque haya alguien escuchando, nadie está escuchando, todo está dentro de ti: y entonces conocerás las palabras del juramento del Señor a Abraham:

No había nadie a quien podía jurar, así que no podía jurar por otro. Entonces él juró solo. Y tú jurarás solo. Nadie te acompañará. Y jurarás que «lo redimiré aun si me llevara la Eternidad». Y esa Eternidad colapsará en un segundo y todo ese ser monstruoso se desvanecerá ante tus ojos. Y la energía que le dio vida volverá a ti. No hay pérdida alguna de energía. Y entonces ella, tu gloriosa creación, brillará como el sol. Y luego todo se desvanecerá.

Por lo tanto aquí, esta noche, en los años que he estado hablando contigo, espero haber quitado de ti a tu Jesús histórico. Si no lo hice, bueno, entonces no se ha ido. Espero haberlo hecho. Si acaso he tenido éxito en quitar de ti la historicidad de las Escrituras y causarte un momento de oscuridad, un momento de desesperación, me regocijo. Porque esa ausencia, cuando él se va, dura solo un momento, luego viene otra vez, pero ahora viene como el Espíritu Santo. Y «nadie» sabrá, ni «puede saber», ni puede decir «que Jesús es el Señor, excepto el Espíritu Santo». Ya que si él se va, enviará al Espíritu Santo. Si él no se va, el Espíritu Santo no puede venir a ti.

Mientras el hombre se aferre a su pequeño Jesús externo como alguien al cual puede volverse, pues haz una pequeña cruz, ponlo en la cruz, cuélgalo en la pared, y santíguate para tener suerte. Eso es lo que se hace. Y mientras lo sigas haciendo, todavía lo tienes como algo externo.

Si puedo decir «Dios», «Señor», «Jesús» o cualquiera de estos bellos nombres y de alguna manera despierto dentro de ti el sentido de algo externo a ti mismo, entonces no he logrado que se vaya. Pero si puedo mencionar estas palabras y tú no saltas al exterior ni te vuelves a otro, entonces se ha ido, pero solo por un corto tiempo. Léelo detenidamente. Encontrarás las palabras que he citado esta noche en el capítulo 16 de Juan. Y las encontrarás también en los capítulos 14 y 15:

«A menos que yo me vaya, el Consolador…», así se lo llama en algunas traducciones y el Consejero en otras, pero es el mismo Espíritu de la Verdad: «Te enviaré el Consejero que es el Espíritu de la Verdad».

Y cuando él se identifica con la Verdad, está enviando su espíritu, y “la letra mata, el espíritu da vida» (II Corintios 3:6). Entonces él enviará a quien hará que Jesús viva dentro de ti, y vive en el sentido de que te conviertes en Jesús, pero no cambias tu identidad. Sigues siendo el mismo ser que eres ahora y los que tienen el privilegio, mientras todavía estás caminando en esta tierra, de verte como Dios y, aun así, como el ser que conocen, no pueden negar la experiencia porque la han visto. Es algo que es completamente diferente de cualquier otra cosa en este mundo. ¡Te ven y saben que eres Dios! Es algo extraterrenal. Como él dijo: «Yo no soy de este mundo. YO SOY de arriba. Vosotros sois de abajo. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo»(Juan 8:23).

Cuando Lo veas, Él no es de este mundo, así que lo verás como Dios, aunque lo reconocerás como tu amigo y tu Hermano. Pues al final, todos somos Hermanos y todos somos amigos, como todos somos Dios y Padre de un Ser, que es David.

Ahora, entremos al Silencio.

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